“De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro”Roberto Fontanarrosa
El primer presidente negro de Sudáfrica y símbolo mundial de lucha contra el apartheid, Nelson Mandela cumple hoy 90 años.
El lider sudafricano, quien pasara 30 años en la carcel por su lucha por la reivindicación de los derechos de los ciudadanos negros en su país, es considerado por sus compatriotas como un “padre de la patria” y para el mundo es una de las más grandes figuras del siglo XX.
En estas épocas en que parecen predominar los desvalores y el individualismo, es bueno rendir tributo a una persona que supo ofrecer su vida por defender sus ideales y la dignidad de los seres humanos, sin distinciones de ningún tipo, pero sobre todo que siempre privilegió los métodos no violentos y las soluciones pacíficas.
“Durante toda mi vida me he dedicado a esta lucha del pueblo africano. He peleado contra la dominación blanca, y he peleado contra la dominación negra. He buscado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas en armonía e igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero poder vivir para ver realizado. Pero si es necesario, es un ideal por el cual estoy preparado para morir”
Nelson Mandela, en el cierre de su alegato ante la Suprema Corte, 1964
Acá están, estos son, los políticos que supimos conseguir. Nestor Kirchner, cuando todavía era gobernador de la provincia de Santa Cruz, decía que las retenciones eran una política “equivocada“, que sólo servía para sostener la “burocracia nacional“. Y de remate, reclamaba que fueran COPARTICIPABLES.
Claro que, como dicen en el campo: la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer… Ojalá nos acordemos de todo esto en las próximas elecciones.
Carlos Gardel, el zorzal criollo, es uno de los máximos representantes de nuestra cultura, más allá de las discusiones sobre su origen francés o uruguayo.
El lunes 24 de junio de 1935 el avión en el que viajaba cayó cerca de Medellín (Colombia) y terminó con su vida en el esplendor de su fama.
La calidad de su voz y su muerte prematura ayudaron a convertirlo en un mito popular. Pero Gardel se ha convertido en una figura indiscutible de la que no es necesario reseñas ni alabanzas. Todo aquel que oyó hablar de tango, lo encontró pegado al nombre de Carlos Gardel.
Escritor uruguayo, nacido en Salto. Deportista y aficionado a las ciencias, funda la tertulia de Los tres mosqueteros y se inicia en las letras bajo el patrocinio de Leopoldo Lugones. Viaja a París en 1900 y hace una breve experiencia de la bohemia pobre.
La mayor parte de su carrera transcurre en Argentina, donde llega a ser muy leído por sus cuentos publicados en revistas y recogidos en libro. Ejerce empleos consulares y la crítica de cine, y pasa largas temporadas en el medio rural de Misiones, en la frontera argentino-paraguayo-brasileña, ambiente del que tomará temas para sus narraciones. Su carrera se abre en la poesía, dentro del ámbito del modernismo, con Los arrecifes de coral (1901), obra sin mayor consecuencia. Una vida dramática, siempre cercana a la estrechez económica, matrimonios conflictivos, experiencias con el hachís y el cloroformo y el constante cerco del suicidio, alimentan su tarea cuentista, una de las más importantes de América. No le son ajenas las influencias de Rudyard Kipling, Joseph Conrad y, sobre todo, el magisterio de Edgar Allan Poe, por las atmósfera de alucinación, crimen, locura y estados delirantes que pueblan sus narraciones. A veces se remonta a escenas conjeturales de la vida prehistórica o mezcla, con extraña astucia, personajes humanos y animales que hablan, como en las fábulas clásicas, pero estableciendo una sutil frontera entre la vida natural y la civilización. Sus figuras de pioneros, de europeos abandonados en los confines de la selva, de cansados de la vida y de empresarios alocados, crean un mundo de intransferible personalidad, que no daña el habitual descuido de su redacción. Obras: El crimen de otro (1904), Historia de amor turbio (1908), Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), Cuentos de la selva (1918), El salvaje (1920), Las sacrificadas (1929), Anaconda (1921), El desierto (1924), Los desterrados (1926), Pasado amor (1929), Suelo natal (libro de lectura para niños, en colaboración con Leonard Glusberg) y Más allá (1935). Se suicidó en Buenos Aires en 1937.
Tita Merello, seguramente la más importante artista popular que dio Argentina, emblema del arte popular y masivo, falleció hace un lustro, el 24 de diciembre de 2002, a los 98 años, a raíz de un paro cardiorrespiratorio en una habitación en la Fundación Favaloro, donde años antes había sido hospitalizada por algunas complicaciones en su salud y en donde vivía por recomendación del reconocido cirujano.
Nacida el 11 de octubre de 1904 en un conventillo del barrio de San Telmo, bajo el nombre de Ana Laura Merello, tuvo una niñez dura, que la llevó a trabajar desde los 10 años, hasta que inició su carrera artística en los años 20 en el teatro de revista.
Tita debutó en el teatro de revista en la compañía de Rosita Rodrigo -que presentó en el teatro Avenida la obra “Las vírgenes de Teresa”- cantando una canción que el público rechazó con una silbatina.
Su llegada al cine se produjo en 1933, cuando participó en “Tango”, de Luis Moglia Barth, el primer largometraje argentino sonoro, e interpretó en el patio de un conventillo a una porteña que parecía una representación de sí misma
Merello se convirtió, a fuerza de sufrimiento, trabajo, talento y voluntad, en una artista muy respetada y querida y en un símbolo de la mujer moderna, independiente y comprometida con las circunstancias sociales que le tocó vivir.
Tres décadas después de la muerte de Chaplin, el 25 de diciembre de 1977, la poesía burlesca de “La quimera del oro”, “El chico” o “Tiempos modernos” resiste al tiempo, y las tribulaciones de su personaje de vagabundo tierno y disparatado pueden verse todavía en los cines de más de 40 países.
Uno de los personajes argentinos a los que no se les ha rendido suficiente tributo, a pesar de la importancia y trascendencia de su trabajo es el Doctor Salvador Mazza.
Este médico sanitarista dedicó su vida al estudio in situ de la enfermedad de chagas (también conocida como chagas-mazza) . Esta es una enfermedad endémica en nuestro país causada por la vinchuca, que afecta mayormente a niños y jóvenes, provocando en sus estadios crónicos insuficiencia cardíaca y la muerte en un gran porcentaje de infectados. Se considera una enfermedad socioeconómica típica, siempre vinculada a la pobreza y el subdesarrollo, ya que existe una relación directa entre la proiferación de los insectos, y las viviendas precarias donde pueden establecerse, alimentarse y multiplicarse.
SU VIDA:
En 1910 se graduó como médico en la Universidad de Buenos Aires. Durante su formación, no sólo se dedicó a la bacteriología, la química analítica y la patología, sino que se desempeñó también como Inspector Sanitario y participó de las campañas de vacunación en la provincia de Buenos Aires. Se doctoró en la misma universidad y fue nombrado bacteriólogo del entonces Departamento Nacional de Higiene.
A partir de 1916, Mazza realizó varios viajes a Europa y Africa: visitó los más conocidos centros científicos de Londres, París, Berlín y Hamburgo; trabajó durante algunos meses en el Instituto Pasteur de Argelia, y, en Túnez, conoció e inició una gran amistad con el Premio Nobel de Medicina Charles Nicolle, entomólogo y bacteriólogo que cobró notoriedad por sus investigaciones sobre el Tifus Exantemático a quien definió como “el padre espiritual de todos mis trabajos.
Fundó la Misión de Estudios de la Patología Regional Argentina (MEPRA), la institución más importante ocupada de las endemias en el país que alguna vez hubo. Allí desarrolló sus estudios sobre el Mal de Chagas. Esta entidad no sólo ratificó la enfermedad de Chagas cuando ésta era negada tanto en el orden nacional como internacional, sino que logró grandes adelantos en el estudio de los síntomas y lesiones causados por la enfermedad.
Salvador Mazza murió el 7 de noviembre de 1946 mientras asistía a unas jornadas de actualización sobre la Enfermedad de Chagas en México, (se dice que la causa fue presisamente una infección del Mal de Chagas). A partir de su muerte, la institución por él fundada sufrió una serie de avatares político-institucionales que concluyeron con su cierre definitivo en 1958. La mayoría del cuantioso material documental de la MEPRA, fruto de más de veinte años de trabajo de Mazza y sus colaboradores, se perdió o fue destruido.